Técnicos advierten sobre fármacos en los cursos de agua

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Ya sea por tirar píldoras vencidas por el inodoro, o por excretar los restos de las dosis diarias, los fármacos llegan a los cursos de agua, en general, a través del saneamiento, afectando a la flora y fauna de los ecosistemas acuáticos. Pero éstas no son las únicas rutas de acceso. Se suman los residuos hospitalarios  y de las farmacéuticas. En aquellas poblaciones que carecen de saneamiento y sin las medidas de control adecuadas, estas sustancias pueden continuar su camino hasta el agua potable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) los clasifica como “contaminantes emergentes”.

La Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) rotuló como prioritario el control en los cursos de agua de tres tipos de fármacos: las hormonas, los antibióticos y los oncológicos. La directora de Control y Desempeño Ambiental de la Dinama, Silvia Aguinaga advirtió que “pueden hacer mucho daño”. Agregó que también preocupan los medicamentos de uso veterinario, lo que prende otra luz roja para la cuenca del río Santa Lucía, zona elegida por la ganadería intensiva.

Pese a la alerta, los expertos aclaran que las bajas concentraciones de estos medicamentos no suponen un riesgo para la salud humana. Lo que preocupa es el efecto acumulativo en el ecosistema. Genera temor que la exposición constante de los microorganismos del agua a los antibióticos pueda generar patógenos resistentes. “Los tratamientos de efluentes normalmente son muy primarios. Todo lo que sigue estando soluble en agua sigue su vía hacia los cursos acuáticos. Por ahí pasan medicamentos, hormonas y drogas”, manifestó Eleuterio Umpiérrez, responsable de la Unidad de Análisis Ambiental del Polo Tecnológico de Pando de la Facultad de Química.

Los residuos farmacológicos acaban viajando hasta los ríos, lagos, mares, acuíferos y, al final, aunque en cantidades muy pequeñas, terminan en los alimentos mediante el riego o, en el peor de los casos, en nuestras canillas. “No es para hacerse una psicosis, pero hay que tomar conciencia”, sostuvo Umpiérrez.

Lejos de Montevideo 
El gerente general de OSE, Daniel Ríos, explicó a El Observador que “la llegada de los fármacos a un sistema de agua potable depende de cada caso y de la tasa de utilización del agua residual en la fuente de agua potable”.

No ocurre en Montevideo, donde la salida del colector está lejos de la toma de agua correspondiente para su abastecimiento. En este caso, el principal riesgo es la afectación de peces. Por ejemplo, ya hay estudios que recomiendan no ingerir sábalos de más de un kilo del Río de la Plata por su exposición a diversos contaminantes provenientes de las dos orillas.

En general, Ríos manifestó que Uruguay reviste una tasa de utilización del agua residual para la potabilización menor a la de otros países, por lo tanto, “termina siendo muy baja” la presencia de fármacos en el agua potable.

Ríos estimó que “en el caso más desfavorable”, si se aprovechara el agua de río donde esté instalada una planta de tratamiento, en el agua potable se puede rastrear “una milésima parte de la dosis terapéutica mínima” de un medicamento particular.

Los estudios internacionales calculan, en promedio, que en el agua residual se hallan más de 20 fármacos de distinta composición. Sin embargo, en Uruguay ni OSE, ni la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua hacen este tipo de análisis.

El problema está donde no hay saneamiento. El río Santa Lucía y sus afluentes reciben los vertidos domésticos sin tratamiento de varias poblaciones de Canelones, Florida y San José. Por ejemplo, solo el 22% de la población de Las Piedras cuenta con saneamiento.
Esta falencia es suplida con las barométricas que no siempre descargar en los puntos autorizados o en las plantas de tratamiento de aguas residuales.

Alteración en peces
La Dinama solicitó la colaboración de la Unidad de Análisis Ambiental del Polo Tecnológico de Pando para analizar los efluentes de fábricas farmacéuticas y desarrollar protocolos de control. Aguinaga dijo a El Observador que el trabajo conjunto sirvió para “fortalecer las capacidades” de fiscalización de estas sustancias. “Antes era muy difícil controlar” el sector, apuntó Aguinaga.

Los académicos elaboraron una metodología especial para detectar antibióticos y hormonas en el agua aunque no hay normativa vigente que ordene su control. Ríos dijo que eso se debe a que, si bien la OMS alertó en 2012 sobre el problema a nivel mundial, todavía no incluyó a los fármacos en la lista de parámetros que deben ser regulados. “Son nuevos contaminantes que hay que tener en cuenta, pensando en el futuro”, afirmó. Según explicó Umpiérrez, “las hormonas femeninas afectan a los peces”. Tanto las naturales o las artificiales viajan por el colector hasta que son vertidas en un curso de agua.

Las concentraciones afectan la condición genética de los peces, alterando su desarrollo sexual. La llamada “feminización” de peces macho puede comprometer la supervivencia de las especies; al tiempo que puede producir trastornos gastroinstestinales  al ser humano que consume su carne.

Los antibióticos, por su parte, son peligrosos por la posibilidad de que se desarrollen cepas bacterianas resistentes que los vuelva ineficaces.

 fuente: El Observador
 

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Publicado el 12 junio, 2013 en medio ambiente, Salud, sociedad y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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